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27 noviembre 2014

Fragmento de "Crítica de la razón instrumental"

"El individuo que ofrece resistencia se opondrá a todo intento pragmático por conciliar las exigencias de la verdad con las irracionalidades del existir. En lugar de sacrificar la verdad conformándose y adaptándose a las pautas vigentes, insistirá en expresar durante su vida tanta verdad como pueda, tanto en la teoría como en la práctica. Llevará una vida llena de conflictos; tendrá que estar dispuesto a correr el riesgo de la extrema soledad. (...) Este tipo de joven -siempre que se trate aquí de un tipo- toma en serio lo que se le ha enseñado. En el proceso de internalización obtiene por lo menos el éxito suficiente para oponerse a la autoridad externa y al culto ciego de la llamada realidad. No teme tener que someter la realidad a la prueba de la verdad ni descubrir, tras esa prueba, el antagonismo entre ideales y realidades. Su misma crítica, teórica y práctica, revalida negativamente aquella fe positiva que había tenido en su infancia." 

Horkheimer me describe a la perfección, excepto por un detalle: A pesar de todo, mi fe infantil se sigue superando a sí misma cada día. 

15 octubre 2014

El repliegue sobre uno mismo (A)

Aparentemente la soledad es un momento constitutivo y constituyente, ya que en la medida en que sepamos estar solos podemos saber estar en comunidad. No es una regla, es un indicio de la experiencia sobre el carácter y la voluntad humanas: hay una regularidad que nos induce una hipótesis, solo eso.
Pero en este caso, no decimos momento de soledad, sino simplemente un repliegue: la metáfora que se me viene a la mente es la marea baja. Cuando la marea está baja no podemos decir que el mar tenga menos agua, o que está tímido… sencillamente se mueve. Igual yo. Me voy a la otra orilla que me contiene, no es que me seco o me escapo, me muevo dentro de mí. Al revés de lo que dice la geografía, no es la tierra el “continente” de los océanos, los océanos no son “contenidos” por “tierra firme”. Todo está girando, todo se empuja y se tironea con fuerzas invisibles que delimitan órbitas, mareas, terremotos y volcanes… dentro mío es igual.
Así como algunos enfatizan el orden de la naturaleza y lo estable y equilibrado de lo que hizo Dios, yo me enfoco en lo conflictivo, violento y aterrador de ese orden que nos equilibra. Ese equilibrio hace que a algunos les parezca curioso que el volcán de mi mente deje de echar humo… que la tempestad de mi carácter se repliegue en marea baja.

No tengo excusas para mi comportamiento, estoy habitado por el Dios de los rayos, el Señor de los volcanes, el imán de las órbitas planetarias, el Sentido de los lenguajes y la Testarudez insobornable de la vida: ese Dios al que las partículas del polvo de estrellas le hicieron estornudar, y en un “Big bang” hizo lo que llamamos “universo”. Ese Dios se repliega sobre sí mismo y descansa. Yo también. 

El repliegue sobre uno mismo (B)

“¡Ay! ¡Que apologeta…!” murmuran admirados los superficiales… “¡Caieié…! ¿Qué te hacé’l teólogo?” me observa el jugador de fútbol frustrado que vende sus mejores años de atleta a una empresa de telefonía… “Cualquiera tu música: una bosta” me dicen los músicos de academia por mi propio bien, intentando evitarme el ridículo. “A tus escritos les falta un giro gramatical más refinado”, me advierten los expertos en jotas y tildes. “¡Solamente soy un experto en efusividad y ademanes!” les grito llorando por dentro. Creo que no entienden lo que es tener un volcán adentro y ser isla de repente en medio del pacífico… No entienden el vértigo suicida de chocar electrones y fundirse en un rayo, liberando la energía en trueno y relámpago para el espanto de las tribus primitivas y los niños.
Entonces me repliego. Enfundo mis sonidos y palabras. Aflojo las cuerdas de mi mente y cierro el estuche. Paso a un estado de latencia… y todos podrán decir de mí lo que quieran que yo no voy a responderles: Como lo hacen con Dios. Pero bueno, de vez en cuando apareceré y me llevaré unos cuantos miles en forma de terremoto, maremoto o algún mosquito… pero los suicidios, los accidentes de tráfico, las guerras, los fondos buitres y otras plagas burocráticas son cosas suyas. Ni Dios ni yo tenemos la culpa de las nacionalidades ni las banderas, mucho menos del dinero o la filosofía que está detrás de cada ideología. La arquitectura, la policía y los alquileres son problema suyo. Las academias y los templos los hizo el diablo para dividirlos una tarde de noviembre que estaba aburrido de vacaciones en el Nilo. Da igual si las espadas las inventaron los elfos, los marcianos o los cananeos, los que se matan son ustedes solitos… y yo muero con ustedes. Pero porque vivo con ustedes.
Somos hijos de Dios, herederos de todo lo bueno que existe y que ha hecho Dios por sí mismo o a través nuestro. Culpables de todo lo malo, excepto la tristeza y la melancolía que son algo bueno; Principalmente culpables de la duda y la mentira, que engendran la envidia y la violencia.
Y me replegué. Tal vez fueron mil años, o un día... Y al replegarme me encontré con Dios, que vino a buscarme un domingo a la mañana a mi cama para decirme que ya está, que no sea tan maricón y me ponga a cantar y a escribir, que no deje de ser volcán ni tormenta, que a Él si le gustan mis canciones y la música está buenísima, que no importa si las guitarras de doce cuerdas la usa Pedro Aznar para canciones románticas, que yo puedo hacer Funk y Rock tranquilamente. Me dijo que me fije que siempre tiendo a afinar un poquito más alta las bordonas, pero porque soy gritón cuando hablo entonces me cuesta escuchar los sonidos más graves y profundos. Que no le dé bola a la Luchi que está negada con la música y no puede ver lo hermoso de lo que hago, pero que no sea tan salame de tratarla mal por eso. Y se fue.
Le pregunté lo mismo que Moisés aquella vez en el desierto: “¿Y cómo me van a creer que me dijiste todo esto? ¿Qué les digo…?”, “Yo soy el que soy” me dijo, y entonces me di cuenta que era como un deja vú, que lo dijo a propósito, ¡y nos reímos a carcajadas! Entonces me dice, “¡Sean, pavote, sean!”
Y entró la luchi a tomar mate…

30 septiembre 2014

Los medios de producción.

No sé si el músico es un "obrero" desde las perspectivas que enaltecen el trabajo como "esfuerzo" por sobre la libertad de dedicarnos a lo que queremos... "El que trabaja es digno de su salario". "Me rompí el lomo para tener lo que tengo". "Años estudiando música". Etc...

Lo que es importante señalar es que el músico no tiene los medios de producción.
La utopía decía que cuando se haya alcanzado una determinada etapa tecnológica, ya no sería necesario trabajar para vivir porque las máquinas harían todo. Hombres y mujeres serían libres para dedicarse a lo que quisieran, incluido el trabajo, pero no como una carga ni como una obligación.
Ese día parece no querer llegar para las masas obreras.
Así como el músico parece no querer ser libre; mientras en el "mejor" de los casos anhela ser dueño y propietario la mayoría se conforma con ser empleado.
Imitando toda la tradición gremial argentina, queremos ser clase media, libres de elegir qué consumir: para nada nos interesa decidir libremente qué se produce.

¿Qué haríamos si tuviésemos a disposición instrumentos musicales, estudios de grabación, salas de presentación, radios, canales de televisión...?
¿Haríamos programas, shows, grupos, ensambles para qué...? ¡Para ganar dinero obvio! Ir de vacaciones, comprar el auto y ropa nueva...
¡Consumir, consumir y consumir!
Por que todo se resume a usar nuestros medios para conseguir los fines que todo el mundo persigue.

Discutimos sobre los medios de comunicación y cómo se evidencian sus intereses, sus fines, sus principios... Y no somos capaces de ver que la música es un medio también, y como tal, se deben discutir sus fines y sus principios.

Queremos poseer los "medios de producción": ¡Pero ninguna revolución! ¡Qué transformación de la cultura ni que nada! ¿Qué toma de conciencia?, ¡Tomemos Fernet! ¡Viva la fiesta! ¡Viva el consumo de sustancias, sabores, sonidos, información...!
Usar la industria de la música para fomentar la cultura es usar la guerra para establecer la paz...

Es una cuestión de principios la diferencia entre la "industria cultural" y la "cultura", en su acepción filosófica que significa modos de ser y hacer de los pueblos.

Basta de intentar "vivir de la música" y tratemos (aunque sea un poco) de "vivir para la música".

24 septiembre 2014

Músico independiente

¿Qué es ser un músico independiente?
es alguien que compone, produce y ejecuta la música de un modo no-dependiente. "Independiente" es algo que no sea altera por las condiciones con del contexto, se mantiene estable: el compositor-productor-ejecutante no altera su música por cuestiones externas a él mismo.

Pero ser músico independiente...
¿Tiene que ver con el profesionalismo?
¿Tiene que ver con el trabajo o la industria?
¿Tiene que ver con alguna ideología o definición política?
NO

Los músicos independientes cantan lo que se les canta, no lo que dice el mercado, ni lo que les da dinero. Lo hacen con la perfección y la precisión que quieren, no con la que quiere el cliente.
Los músicos independientes son personas críticas que tienen los pies en la tierra y por eso llegan hasta donde sea que su camino los lleve: pero no se suben al tren del éxito, esa montaña rusa que no lleva a ningún lado.

Los músicos independientes son personas comunes y corrientes que comparten lo que son en los lugares donde estén. No necesitan el circo para demostrar que pueden hacer malabares, ni necesitan las luces de colores para hacer reír y hacer soñar, para hacer llorar o enamorar a las personas.
Ser músico independiente es un rubro que el capitalismo no puede tocar, porque lo corrompe. La lógica es simple: ¿Hay humedad durante septiembre en la ciudad de córdoba? Cuando llueva, vas a ver como florece todo. Así son las cosas independientes. Podes favorecer, proteger y abonar pero va a crecer a su tiempo, en su ritmo y a su manera.
Y los que aman las flores, sin ser flores, las van a cuidar.
Y los que aman la música independiente, sin ser músicos, la van a cuidar. Y van a cuidar al músico. Todo esto se da de una manera no-intencional, ajena a toda manipulación y libre de fines de lucro.

Pero si tenés cabeza de tornillo, solamente podés ver tuercas.
Si tenés cabeza de billetera, solamente ves dinero.
El mundo está lleno de melómanos que pueden disfrutar de la música empaquetada industrial, compran porque les gusta. Estos mismos melómanos (yo incluído) podemos generar invernaderos, laboratorios, huertas y jardines de música libre. El que quiere sumarse que busque: los proyectos existen en el patio de cada casa, en cada ducha, en cada dormitorio, en cada balcón de la ciudad.

"Un ritmo recorre Córdoba, es el ritmo de la música independiente...
músicos de Córdoba: ¡Desproletarícense!"

No lo hagas por dinero, hacelo por amor. Independizate de la corona, no busques el éxito, la fama y los aplausos... busca tu música y salvala del capitalismo.
 

19 junio 2013

Contra Molinos de viento...?


Un Quijote hecho y derecho arremete contra el molino de viento.
Yo arremeto contra el viento que mueve al molino.
No tiene lógica el viento. No tiene argumento... sin embargo mueve el aparato.
¿Es que hay algo más que moviliza a las personas que el interés y la conveniencia?

¿Cuál es el viento que mueve las aspas del sistema?
¿Cuál es la brisa que impulsa la producción?

Cuando un huracán arranca tu molino, tu perspectiva cambia.
No luchamos contra los "molinos" que muelen el pan de lo que pensamos; sino contra el viento que hace girar nuestras estructuras cognitivas.




11 febrero 2013

Esto es demasiado para mí.

Hoy nos vemos envueltos en una dinámica odiosa en el mundo laboral...
Soportar al jefe, malos compañeros de trabajo, pocas oportunidades laborales, mala remuneración... es el capitalismo!

El Papa no es la excepción. Es demasiado para una persona... siempre se puede renunciar.

 El momento más importante para un personalista (ver filosofía personalista) es la tensión que nos va a quebrar. Sabemos que es demasiado para nosotros... siempre se puede renunciar.

Ojalá podamos ver que el Papa, en un acto de grandeza y salud para las instituciones, da el paso al costado cuando no puede más...

29 octubre 2012

Aleatoriedad



Ocurre espontáneamente, de modo tan imprevisto que es una constante. No esconde segundas intenciones, ni resiste la crítica de un ojo experto: simultáneamente alberga todas las interpretaciones, caja de Pandora de la hermenéutica moderna.

Yo la miro y se escabulle de mi racionalidad. Me salva, me perdona. Sin comprender la persigo, para darle muerte. El sentido es demasiado necesario para tolerar su existencia. La aleatoriedad vuela libre, sin norma más que lo aleatorio. Atenta contra mi poder, contra mi control… y por más que yo le diga “casualidad”, “azar”, “destino”, “Dios” no puedo reducir o tabular sus características a algo inteligible.

Ya no peleo por el sentido. Ya no me impulsa un conocimiento. No me moviliza una ideología. No hay un sueño que conduzca mis pasos, ni utopía que me empuje a seguir. Soy un ser aleatorio, sin caminos trazados, sin motivos prefabricados. La verdad es que no tengo intenciones que no me hayan sido implantadas… la realidad es lo que pueda ser enfatizado, realzado, traducido de un caos saludable. Veo mucho más de lo que comprendo. Y existe mucho más de lo que puedo comprender.

Quien busca sentido, busca cadenas. Y las cadenas nos ayudan a no zozobrar…
Anclarse a lo aleatorio es ser libre. Y ser libre no es placentero, es aleatorio.
Puede ser, como puede no ser. Nunca sabremos si no inventamos: ¡Inventemos! Pero no digamos que es la verdad. Nacer es aleatorio; morir es aleatorio. La vida es aleatoria.

No es el caos sino el orden lo que nos hace estar tan vacíos. La vida nada impone, nada restringe, nada quita… es nuestra absurda idea de orden la que corrompió la libertad. La vida no es injusta, nosotros hablamos de justicia.

Vivir y dejar vivir: esa es la libertad. Pero quién no sabe vivir se pregunta: “¿Qué es la libertad?”. Las personas están atormentadas buscando una mentira a la que aferrar su aleatoriedad…

¿Y la verdad…? La verdad es que ya somos libres. Pero no nos gusta…

11 septiembre 2012

El Basilisco

Prólogo-

    Nos ubiquemos en la interminable e improductiva discusión sobre qué fue primero, el huevo o la gallina: La dicotomía existencial, la burda dualidad que condena a Occidente. Es el castigo por pretender pensar para existir. Ya sea de un bando o del otro, todo pensamiento se gesta a través, a causa o como consecuencia de una dualidad necesaria entre -al menos- dos posturas incompatibles. La jerga incorporó la idea de “dialéctica”, en mi opinión, sin entenderla.
    Aparecen un sinfín de conceptos apareados que sintetizan y rotulan grandes debates: “Civilización o Barbarie”, “Patria o muerte”, “Colectivo-individuo”, “Estructura- Superestructura”, “Autonomía-Organicidad”, “Voto-consenso”… en fin, “el huevo o la gallina”. 
Pero ningún esfuerzo por salir de estas oposiciones tan deleitosas para la arena política y la opinión pública, tiene un posible desenlace teleológico o necesario al que vayamos a llegar. No soy nada original recordando a dónde llevó “la Razón” a la sociedad europea en el siglo XX. Quisiera huir, si fuese posible, de la opción por uno u otro lado de la frontera: elijo la frontera. Y no es neutralidad, porque es sabido el artilugio que reza “el que no elige mi bando, está eligiendo al bando contrario”, que es insostenible a esta altura: nadie puede decir “porque elijo no matar estoy eligiendo morir”. Porque el que calla, no está otorgando nada; como tampoco porque alguien opine y debata significa que va a aportar argumentos válidos.
¿Cómo podríamos dialogar si estamos contra la pared y nuestro interlocutor sostiene la espada que nos acorrala? Pues bien, asumo mi posición con dignidad y me dispongo a responder y a proponer, sin espada y contra la pared. Ojalá algún día quienes me acorralan cobardemente cuando estoy desarmado, entiendan que sólo ponemos la otra mejilla quienes no tenemos miedo.

                                                                                                                       Córdoba, Julio de 2012.


INTRODUCCIÓN

“En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages: porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba todo lo que se levanta sin ella.”
José Martí

A partir del Nuestroamericanismo Martiano, de la sociología de orillas de Jauretche y desde la crítica epistemológica me dispongo a criticar una estructura sin la cual no se puede pensar la realidad latinoamericana; pero mi enfoque Nuestroamericano, invita a considerar los conocimientos del mundo si son injertados en nuestras repúblicas.
El tema de este ensayo se centra en el problema de la convivencia entre humanos condicionados y distintos en un sistema que se promociona para libres e iguales, y cómo un grupo de “hermanos” logra apropiarse de estructuras de sentido que ocultan las identidades que no sean las comprensibles por las estructuras. En la primera parte, trabajaré desde el problema epistemológico del pensamiento político, más allá de los contenidos ideológicos, se trata de presentar al “partido”, la parte, como una unidad en sí misma, como “lo dado”, otorgándole una existencia necesaria a la disputa entre partes, que debe ser regulada. Esta parcialidad, que organiza lo real en nombre de todos, se ha petrificado en el tiempo, sosteniendo como nuestras, ideas que son exóticas; como son demasiadas las ideas importadas, en este ensayo me enfocaré en una: “El Estado es necesario”. Para retomar el carácter mítico de la formulación del problema, recuperaré la metáfora de Thomas Hobbes, “el leviatán”; pero lo someteré al giro nuestroamericano donde la categoría de monstruo debe ser reemplazada y analizada desde acá. ¿Por qué un monstruo debe ser el garante de las formas y contenidos de la política en Nuestra América? Como objetivo del ensayo, trazaré como eje la centralidad de las ciencias sociales y el rol de los intelectuales.


                                                     I

“Esta sensación decadente, si queremos expresar la misma cosa (me refiero a la fantasía) la llamamos imaginación, como ya dije antes: pero cuando queremos expresar ese decaimiento y significar que la sensación se 'atenúa, envejece y pasa, la llamamos memoria. Así imaginación y memoria son una misma cosa que para diversas consideraciones posee, también, nombres diversos.”
 T. Hobbes

¿Desde dónde comenzar a debatir sobre el problema del debatir? Mientras los especialistas científicos, los experimentados y la “ciudadanía” buscan construir legitimidad a lo que dicen, a mí me interesa explayarme en que lo que se dice se dice en un contexto pre-fabricado y que los dicientes participan pre-dispuestos. Todo esto no se dice: ¿Pre-fabricado por quién? ¿Pre-dispuestos a qué?
En la frase de Hobbes, quiero destacar dos cosas: ¿Por qué “sensación decadente”? ¿Por qué “imaginación y memoria”? En el campo de la disputa política, ya sea ideológica o de tipos de administración, se parte de sentidos comunes. Estos sentidos comunes son naturalizados como si fuesen reales e importantes, pero se ignora que la política es también una fantasía, en la que se disputa por la imaginación, por la memoria y por los nombres que se asignan a las cosas. La memoria es para Hobbes una sensación decadente, pero hoy la memoria es identidad, es mucho más que tradición, es legado es herencia. Por otro lado, la imaginación es igual de fantasiosa, pero no debe hacerse cargo de responsabilidades pasadas. Quienes reivindican la memoria exclusivamente, imaginan el pasado; mientras que quienes reivindican la imaginación exclusivamente, imaginan el futuro. Ninguna de estas perspectivas imaginan el presente, ninguna de estas perspectivas incorporan el Nuestroamericanismo, la creatividad desde lo dado.

    La Ciencia es la legitimación social de la fantasía humana de imponer sus memorias e imaginarios a sus interlocutores. El sentimiento de orgullo por construir nuestras palabras en la voz de otro es una sensación decadente. Martí dice: “la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de uno contra la razón campestre de otros”. Hobbes es el ejemplo de este refinamiento de la disputa intelectual por construir el argumento más compacto y abarcativo sobre lo real, lo necesario y lo posible; refinamiento que hace escuela, y se convierte en un modus operandi para la disputa política. Intuyo que la mayoría de los pre-dispuestos para el debate político creen que se puede definir en un debate lo real, lo necesario y lo posible… de otro modo, no encaminarían sus energías en tan agotadora actividad. Si practican con frecuencia el intercambio de opiniones subjetivas en un escenario pre-fabricado, es porque asumen que por la fuerza argumentativa de una oración se puede construir hegemonía. Sin embargo, la yuxtaposición de monólogos no es comunicación: poner dos televisores simultáneamente a funcionar no es dialogar. El debate político precisa construirse necesariamente con otro que sea diferente… si no existe, entonces hay que construirlo. Y aquí la ciencia puede darnos muchas herramientas engañosas para amontonar ladrillos discursivos y hacer columnas de ideologías; son esas estructuras las que organizan lo dado en un programa (en el mejor de los casos) o si no en un modelo económico que determina prioridades (lo usual). ¿Pero por qué nadie debate sobre lo pre-fabricado? ¿Por qué no ponemos en evidencia nuestros pre-supuestos? ¿Quién se atreve a exponerse y someter a discusión su pre-disposición?

    Cada parte sabe cómo debería ser el todo. Pero sin pensar en que son parte (aunque lo saben) buscan ser el todo; o al menos ser la mayoría, para hacer lo que suponen bueno. E intercambian opiniones sobre lo relevante y lo importante para cada facción en cada hecho que cae bajo sus lupas ideológicas. En el mejor de los casos, buscan por interlocutores: pero no para criticarse a sí mismos, sino para mantenerse informados de otras ideologías o posiciones deambulando por el “campo político”. Y el Nuestroamericanismo se levanta contra todo dogmatismo. Es como las reglas de la guerra, sólo le interesan a aquellos pre-dispuestos a matar o morir; pero quienes no estamos dispuestos a ello, podemos ver la contradicción en sostener métodos válidos para el genocidio. Estas reglas son fantasía.
El problema de la fantasía comienza suponiendo que el escenario no es escenario; que los participantes no son actores; que los diálogos no son guión… y que el público no es un observador para el que se pensó toda la obra. Todo es real: Auténtico y transparente a sus ojos, al juicio del intelecto de quién observa. En muchos sentidos, la primera lucha es romper el cascarón.
En la disputa ontológica por el origen del sentido -si fue el huevo o la gallina- unos se posicionan a favor del huevo (menor determinación, posibilidad de lo incierto) y otros de la gallina (estructura originaria que imprime un código genético a sus crías; rol protagónico de la estructura). Pero el problema está en que todos nos iniciamos en estas reflexiones siendo pichones indefensos: Martí insiste en este punto diciendo: “Dennos al menos para resucitar todo el tiempo que nos dieron para morir”. El énfasis en la estructura nos impulsará a imitar el comportamiento y conducta de nuestro entorno, mientras que el énfasis en la independencia del individuo nos hará dudar o descreer de las prácticas que realizamos. Desde ambos paradigmas habrá exitosos y fracasados: siempre. Sin embargo, me preocupa que, en demasiados casos, la elección de alguna de estas perspectivas se dé por tradición, por afinidad social, por carencias emocionales, por enojo contra algún individuo de otra filiación política… etc. Todas éstas y muchas otras particularidades son más relevantes que la ideología, la historia o la verdad de los objetivos de las partes. La adhesión a una agrupación o “bando”, es profundamente individual; ya sea por carencia de criterios y de reflexión individual o como resultado de la voluntad consciente de una persona. “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”. Con esto quiero dejar muy en claro lo siguiente: si bien la independencia de nuestras repúblicas sigue inconclusa, la independencia sigue siendo la tarea. Y es inútil insistir en las formas si no hay antes un cambio de espíritu de quienes buscan la independencia.

Las venas abiertas de Nuestra América (que no terminan de cerrar) se abrieron con el mismo cuchillo. Las manos que lo toman pueden cambiar, pero nadie concibe necesario quitarle el cuchillo a nuestras repúblicas con tendencia suicida. Es parte de la cultura política tomar bandos, pero todavía no se ha avanzado lo suficiente en la identidad de los individuos que componen esos bandos. Las banderas (como aquel cuchillo) fueron levantadas por personas muy diferentes y en nombre de objetivos absolutamente incompatibles. Todos estos movimientos y las personas que levantaron banderas a lo largo de nuestras historias han sido empollados por el águila del imperialismo. Nuestro egoísmo, alimentado por el mismísimo capital, se ha vuelto nuestra dieta diaria: y es ese canibalismo fratricida el que nos guía para ser exitosos. Las instituciones, se erigieron sobre las columnas de acumulación y el derecho a la propiedad privada. Pero muchos no nos hemos adaptado: Y nos negamos a extinguirnos. Nos recluímos al mundo de la memoria y de la imaginación al que la política no le interesa acceder… o no puede, porque allí es muy difícil imponerse y gobernar. Hay muchas preguntas que emergen para desenmascarar la ingenuidad destructiva de muchos militantes políticos de Nuestra América.
¿Qué pretenden lograr con los medios que el “escenario” les propone? ¿Cómo hablar de “justicia social” en un sistema que consiste en la apropiación privada de bienes públicos (desde la naturaleza hasta las artes)? ¿Cómo puede una institución burocrática y jerárquica representar a un individuo? Sólo Hobbes sabe…


                                                 II
El Basilisco

“En efecto, en cualquier caso en que una afirmación es falsa, si los dos nombres de que está compuesta se reúnen formando uno, no significan nada en absoluto.”

    El “Estado de bienestar”… ¿No es una contradicción? ¿Puede el estado nación occidental capitalista promover el estar-bien? ¿Puede una institución política creada para dominar dejar actuar “libremente” al mercado? ¿Puede la economía resolver los problemas exclusivamente sociales? Me ocupo de esta “afirmación falsa que no significa nada en absoluto” por considerarla la única propuesta de superación que se ha aplicado con eficiencia en Nuestra América: un gobierno que ideológicamente piensa en la emancipación social y política de un pueblo-nación artificial dentro del sistema capitalista. Un aparato sólo puede servir si se lo usa correctamente; y para eso hay que conocer qué es lo que el aparato puede hacer. Y lo que no puede. Toda herramienta, ya sea material o intelectual, ha sido creada por el hombre, en condiciones específicas y con un fin específico. El estado cumple con esta definición, pero es modificado según los intereses del grupo de representantes que llegan a la cúspide de su jerarquía. Y esto no puede cambiar: ni puede usarse para algo que no sea gobernar ni puede ser usado libremente por cualquiera. Necesita comandar, necesita ordenar, necesita juzgar y legitimar. Y por otro lado, no puede ser comandado por otro, ni recibir órdenes de nadie, ni ser juzgado y por supuesto… deslegitimarlo es suicidio social y político. El estado sólo es potencialmente conducible por un grupo ínfimo de personas: representantes, personas que no valen por sí mismas, sino por su valor estratégico en las normas preestablecidas. Cuando se dice “juego de lo político” tenemos que pensar en “juego reglamentado”, como sería el ajedrez: el tablero, las fichas, las reglas y las jugadas son condición de sentido: si pudieran cambiarse las reglas, nada en él tendría utilidad ni sentido, sería absurdo.
    El estado de Bienestar es una especie de destilación de la idea de poder hacia una valoración social, una variante local de una forma histórica o estilo de ejercicio del poder: pero nunca fue una superación ni una crítica al sentido de “organizar una población”, o “definir y gestionar recursos”, etc. Es un modelo que confunde el hambre con las ganas de comer, los confunde al naturalizar los estados (los ser-ahí) como propias de las posiciones sociales: “los pobres están hambrientos” y los ricos “sólo tienen ganas de comer”. Presumir que “un pobre” no es avaro, codicioso y egoísta es un sesgo fuerte. Tanto como presumir que “un rico” es consciente de que su deseo acumulación es un defecto por exceso. De cualquier modo, el fuerte matiz material de las necesidades humanas como un problema exclusivamente económico es un tema a debatir; ¿El mercado triunfa o la ciudadanía se rinde sin luchar? De cualquier modo, todas las facciones que diputan por el poder a través de herramientas de la política cometen un grosero error de racionalidad occidental: la suposición de que los contenidos son escindibles de sus formas. El problema de identidad, que es un problema de orígenes, no se puede abordar con la racionalidad política.

    Las formas imperiales de derecho y ciudadanía del estado español, las formas económicas de intercambio y producción del imperio Británico, las formas político-democráticas de integración de las masas a principio de siglo XX durante la expansión del capitalismo, etc. ¿Quiénes somos y por qué queremos esos sistemas de gobierno? ¿Cómo somos y por qué queremos esas formas de supervivencia material? ¿Qué necesitamos para tener bienestar? ¿Cuál es el sentido de estudiar, trabajar, aportar a la previsión jubilatoria y jubilarse con los aportes de los que trabajan? ¿Queremos trabajar 40 horas semanales para recibir un “salario” creado para sobrevivir?

    Bajo las alas de la gallina se han juntado muchos huevos. El sistema hegemónico ha empollado a todos como a sus propios hijos. Pero cuando rompemos el cascarón vemos que no todos tenemos alas, no todos tenemos plumas si quiera: las aves más variadas, los reptiles más variados han pretendido vivir cuál aves de corral que no somos, siendo engordados con alimentos que nos enferman y debilitan, siendo “cuidados” con leyes que no entendemos para ser libres de hacer lo que no nos gusta, adoctrinados por “hermanos mayores” que nos usan de andamio para conseguir sus propios beneficios, etc. Todo esto debemos investigar y discutir, porque se ignora demasiado, se presupone todo lo que se desconoce. Sin embargo el estado creció entre nosotros, en tamaño, en agenda, en sentido, en poder, en alcance… y se impuso como único garante de las libertades. Este enorme Basilisco seduce con su poder a los ingenuos e inexpertos (pero “bien intencionados”) movimientos políticos que se preocupan por transformar su realidad: pero no alcanzan a pensar por sí mismos cuando se convierten en estatuas de piedra bajo el influjo dominante del monstruo y su sed de control, de poder. El Basilisco tiene la habilidad de convertir en piedra a todo aquél que mire a su único ojo; la metáfora se impone con claridad: todo aquel que considera la estructura estatal como herramienta de organización, cae irremisiblemente bajo la seducción del Basilisco. Los ciegos, aquellos que no ven la injusticia, el sufrimiento de sus hermanos, que son inmunes en sus almas de piedra, pueden sobrevivir y coexistir con el monstruo; por supuesto, hay muchos que sólo cierran los ojos para no ver, y se acomodan en el lomo de la bestia.  
    Toda lucha parcial, toda búsqueda egoísta, todo intento de imponerse es fruto de un alma entenebrecida. El orgullo militante sólo genera orgullo militante, la certeza sólo reconoce certeza: y hasta las mentiras crecen en el corazón del que confía en las certezas. Para que haya luz, debemos aprender a mirarnos en los ojos del otro. Despojarnos de nuestras categorías políticas para hablar con el otro es construir igualdad: ni rebajarse ni elevarse, hablar con sinceridad de nuestras intenciones, admitiendo nuestros límites. Esa simetría no existe en la realidad y ni el estado ni nadie puede otorgar virtudes a quien no las tiene; y viceversa, la academia o las leyes, no pueden otorgar defectos a quienes no los tienen. Renunciar a la verdad parece una locura, pero lo que recibimos a cambio es mucho mejor: Orden. La utopía democrática, la falacia de los derechos humanos, esconden la contradicción de modo casi místico, mágico: ¿Se puede definir cómo somos? ¿Se puede establecer un estándar de lo permitido? ¿Se puede distinguir la emoción del pensamiento? ¿Existió un humano antes de que se legisle cómo este debía ser? La gente cuando no votaba, ¿tenía menos dignidad por no participar simbólicamente en la legitimidad de un gobernante? Las preguntas que vienen a mi mente son infinitas, como la realidad que aparece frente a mí cuando me atrevo a mirarme en el espejo de la sociedad y ver que cuando uno se quita los anteojos pre-formativos de las ideologías legitimadas aparecen cosas que antes no se veían. Es cierto que no hay respuestas ni axiomas para estas preguntas, pero hay más libertad dentro de cada uno de nosotros que la que nos atrevemos a vivir. Yo me reconozco en el otro cuando lo miro humanamente, y muchas veces otros se reconocen en mí cuando me presento vulnerable y sin verdad. Basta de someternos al “juego prefabricado de lo político” como si fuésemos piezas de ajedrez, si no podemos hacer las normas, alguien nos va a “enseñar” a jugar…y probablemente sea el árbitro también. Necesitamos estar predispuestos a equivocarnos, a aprender con el otro con quién quiero convivir.   
    Me propuse presentar un problema que no veo suficientemente tratado en la arena política. Tal problema se puede resumir en tres preguntas que están dirigidas a mis contemporáneos: ¿Por qué tú idea de vivir mejor se basa en un modelo fracasado del pasado? ¿Cómo puede una revolución ser mejor para todos si no es mejor para mí? Si no somos libres de nosotros mismos, ¿cómo liberar a los demás?

10 agosto 2012

Extirpando el capitalismo de la fe en Cristo. 01


El trabajo en equipo no es la división social del trabajo. La búsqueda del bien común no tiene nada que ver con la optimización de recursos o la eficacia del desempeño colectivo. Los que piensen que el “éxito” global es más importante que las tareas individuales caen en una profunda herejía… financiada por el capitalismo.
¿A qué me refiero con “éxito” global? A esos que dicen: "No importa qué pase con los individuos. Sólo importa el producto final." Eso es una herejía. A Cristo le importa que cada uno cargue su cruz, se niegue a sí mismo y lo siga. Así sabrán las personas que hemos elegido a Cristo. Pero si pensamos que el “éxito” global es lo más importante, inevitablemente decidimos ignorar el esfuerzo individual en pro del logro general: es decir, alguien se rasca mientras otro trabaja y está todo bien porque el “éxito” va a venir igual… NO.
El medio es lo que importa, no los fines. Dios bendice a quienes lo siguen, no a los que son eficientes. Dios bendice a los que se humillan para seguirle, no a los exitosos. Esto implica que radicalmente estamos a favor de un fracasado que emplea los medios que creemos correctos en vez de un exitoso que utilizó medios que no compartimos. ¿Negamos el éxito? No. Pero no lo festejamos, celebramos el modo, el método. Aunque fracase.
A eso se le llama “principios”… que nadie los tenga en nuestra época es una clara señal de que el cristianismo no está en los corazones de la cristiandad.

(después voy a hablar de los medios que Cristo cree correctos... y van a ver que lo que la gente conoce popularmente como "la Iglesia", es la primer hereje)

23 diciembre 2011

Empecinado en nacer. (charlando junto a la cuna)

El sábado es navidad.
El Cristianismo celebra la encarnación de Dios en un cuerpo humano;
aun que no entienda qué significa, celebra.

Los famosos "reyes magos" (o sabios del Oriente) que llegaron a Nazareth buscando un Rey, no se sorprendieron de ver un niño. Lo buscaron y le rindieron honores, porque una estrella los guiaba.
Tal vez en la vulnerabilidad indefensa del bebé haya una verdad transcendente que los sacerdotes, acomodados, no terminan de entender... pero es más clara que el agua.
Tan claro estaba, que Herodes, el rey de la palestina bajo el imperio romano, cuando escuchó que había nacido un Rey, mandó a matar a todos los niños... y los padres de Jesús, cuidando la nueva vida, huyeron a Egipto.

No pudieron matarlo de bebé. Dice la historia...
No encontraron el cuerpo después de la crucifixión. Dice la leyenda.
Y hasta hoy no pudieron detener la rebelión espiritual que comenzó...
Y por fe reconozco que está vivito y coleando.

Hoy me encuentra reflexionando junto a la cuna de un Dios... ¿puede la vida continuar su ciclo teniendo la muerte en su contra? Puede, y es la fuerza más poderosa que existe; como en aquella navidad histórica, hoy me invade una esperanza inexplicable... estoy empecinado en nacer, cada día nuevamente, cuantas veces sea necesario, para crecer.

El sábado es navidad. Y mucha gente ignora que sabios de oriente vienen a dar honores a un nuevo pueblo... Otra gente no sabe que en el Senado, otro imperio y otros intereses no quieren que Dios se haga carne en un pueblo. Hay mucho que celebrar, nada más y nada menos que la vida... y celebrarla implica concederle fragilidad, aleatoriedad e incertidumbre: por eso debemos cuidarla.

Festejo que un Dios se deja cuidar, se muestra vulnerable y cercano. Nos vuelve importantes. Y responsables.

Nunca mejor expresada la confianza que en la frase "¿Quién le cambia los pañales...?"

¿Quién le cambia los pañales a mi frágil y vulnerable esperanza de ver crecer el cambio...?

02 noviembre 2011

Tiempo libre

Y yo que pensaba (con Cortázar) que el reloj era un policía del tiempo... pobre artefacto, símbolo del dominio de los cuerpos. Garante del orden lógico de los sucesos... único punto fijo en cualquier secuencia de momentos.

Pero no.


¿Quién puede atacar a una miserable máquina creada para regular el desempeño de los humanos? Si fue creado por humanos... Él mas que yo quisiera relajarse  al salir del trabajo, aflojarse su corbata de agujas y despintarse los números de la cara. Más que cualquiera quisiera poder agitar su pulso en una risa, o hacerlo más lento mientras duerme...

No es él. Soy yo. Soy el que me comparo con su exactitud. Soy yo el que busca precisión, el que necesita definición... nadie me ata, nadie me encadena sino yo. Y conmigo someto al reloj, a la naturaleza, al tiempo a ser esclavos de motivaciones de las que yo no puedo escapar.

Es fácil decir: "quiero tiempo libre", o "no tengo tiempo"... y claro que no lo tengo, pero porque no quiero, no me animo. Pensamos que necesitamos un momento para hacer nada. Un momento de improductiva relajación; de inútil satisfacción. Queremos ser, solo ser sin necesidad de hacer... un silencio, un despiste, un margen... el ocio, el esparcimiento del dolor y el cansancio que hemos almacenado mientras otros almacenaban riquezas.

No es tiempo libre lo que quiero. No quiero liberarme del tiempo o liberar al tiempo... no.

Yo soy el tiempo, y quiero ser libre.

18 abril 2011

Un mundo mejor.

El mundo. Simboliza una totalidad, lo conocido y lo desconocido... lo que se puede pensar, decir, hacer. Lo que se hizo y lo que se hace. Todo eso es el mundo.
¿Puede ser mejor? Depende de cómo lo miremos, el mundo puede estar bien o mal. Puede funcionar o puede estar fallando. Pero, ¿puede ser de otra forma?

No busco "arreglarlo", no busco que sea más o menos de lo que es ahora: busco que sea mejor. Mejor es otra cosa, es un mundo nuevo. Hay gente que sostiene que no necesitamos un "mundo nuevo, sino uno mejor"... yo digo que un mundo mejor es un mundo nuevo, que un mundo nuevo tiene que ser mejor...

Para alguien que vive en la intemperie, vivir bajo un techo es mejor. Deja de ser quién era, y empieza a ser alguien nuevo... el techo es nuevo, y vivir bajo el me hace cambiar, ser diferente.
Para alguien que tiene un auto modelo '94, tener un auto modelo 2011 no es "mejor", solamente es "nuevo".

El analfabeto que aprende a leer, se convierte en alguien nuevo, en alguien mejor.
El pensador que aprende a creer, se convierte en alguien nuevo, en alguien mejor.

¿Cómo podemos construir un mundo mejor?
Para demostrar una verdad, primero hay que creer en ella.

20 marzo 2011

Porqué necesito de la comunidad.

Hay una idea fija en mi corazón que me dice "éstos no saben nada"; "ëstos son cualquiera", cuando se trata de un grupo más o menos definible como "amigos que se encuentran a tratar de hacer algo por alguien o por alguna razón".

Digo sin remordimientos que mi naturaleza humana me impele a escapar de tales asociaciones entre personas.
Lo que no me deja remordimientos es hablar de naturaleza cuando hablo de "grupos", de "amigos", de "encontrarse" y de "comunidad". Quiero dejar muy en claro que creo que Dios es una persona. Y que él/ella/eso lo que sea ese ser, no es humano. Abro así la puerta de mi corazón a otros seres, a otras personas que no necesariamente son humanos. Me refiero a éstos grupos de seres corpóreos, muy similares anatómicamente a mi a quiénes no lo logro identificar.

Claramente me refiero a mi necesidad natural de tener un realización de mi existencia en una comunidad. En una sociedad de seres que tengan las mísmas cargas que yo. "Muni" es "carga". Comunión es compartir la carga. Comunidad es "distribución de una carga".

No encuentro tales seres; aquellos seres que están cargados con la carga que me agobia. No me reconozco en los seres cargados que me rodean. No me doy entidad al encontrarme con ellos. No me siento idéntico... me siento ajeno. Enajenado.

Hasta que no encuentre un colectivo donde poder desarrollar la comunidad, no voy a ser yo. Hasta que no esté en comunidad, no voy a saber quién soy.

Eso explica porqué necesito de la comunidad.

26 febrero 2011

La izquierda progresista en Argentina. (ensayo)


Me he visto entre la espada y la pared al tratar de interpretar responsablemente los espacios de militancia transformadora hacia un socialismo latinoamericano en las repúblicas del subcontinente americano. Cada república presenta sus características particulares que la vuelven categóricamente incomprensible, materialmente inaccesible al análisis de un estudiante universitario que no vive día a día la realidad de la república que pretende analizar. En este caso solo es posible acceder a un esbozo parcial del escenario político a través de las posturas de los actores que pretenden construir la emancipación de la república.
Este ensayo no pretende escindir la observación crítica de la praxis de cada uno de los actores, sino más bien contrastar la validez de su argumento al relacionarlas.

Progresismo.  
            El primer obstáculo que entorpece la discusión es la pretensión de todas las agrupaciones, partidos y movimientos sociales de izquierda de ser categorizadas como progresistas. La tradición sitúa este calificativo en el orden de un proyecto social y político cercano a los ideales de la ciencia y el humanismo como avance antropológico y civilizatorio, opuestas a un régimen social y cultural anclado en los intereses de grupos políticos que pretenden conservar el “status quo”: mantener beneficios, obtener algunos nuevos y a veces solamente diferenciarse ideológicamente, como suele suceder con las reivindicaciones históricas.
Sin embargo, los grupos y coaliciones que comparten intereses del orden económico (de consumo y producción) no responden a las proyecciones sociales y políticas del progresismo porque la lógica que regula sus intereses son el individualismo y la rentabilidad. Con esto, quiero dejar sentado que hablar de “intereses de clase” no es un argumento válido para la cosmovisión progresista de la sociedad, ya que la composición de los “grupos progresistas” es mayoritariamente heterogénea y se basa en una lógica de diálogo y apertura de espacios para la integración de nuevos actores que han de trabajar en equipos interdisciplinarios y bajo un régimen de horizontalidad.
Con esta aclaración, destacamos que los grupos progresistas son por lo general autónomos, políticamente heterodoxos y se construyen desde el antagonismo a los dogmas de partidos políticos históricos. Para estos grupos, la esencia de la identidad política se centra en la articulación con nuevos grupos que llevan a delante procedimientos de participación y apertura similares, con los que pueden intercambiar experiencias y debates sobre la realidad inmediata, regional o “territorial”, como se denomina al área de influencia sobre la que el grupo pretende trabajar políticamente.
Progresismo no es sinónimo de revolucionario; el progresismo no es ortodoxia marxista, ni se propone un objetivo teleológico para sus miembros. Las articulaciones que establece no determinan compromisos trascendentales, ni se plantean objetivos últimos. El progresismo plantea una serie de vinculaciones estratégicas, y circunstanciales en la mayoría de los casos, que favorecen la concreción de actividades específicas y mutuamente beneficiosas.

Izquierdas.
            Para referirme a este tema, debo recordar que no existen purismos que permitan definir agrupaciones o partidos políticos de “izquierda” sin contextualizarlos al resto de los partidos y agrupaciones. Aquí nos referimos a organizaciones marxistas, más o menos ortodoxas, que participan a nivel universitario, sindical y legislativo. Estos actores definidos como “izquierda”, son en su totalidad críticos al proceso de gobierno en la república Argentina, y se posicionan políticamente dependiendo de los sucesos en que se ve envuelto el gobierno (ejecutivo, legislativo). ¿Por qué distinguir entre “progresismo” e “izquierda”? La razón fundamental es la lógica de construcción de cada uno de ellos. Muchas veces, estos grandes grupos han trabajado en conjunto, y muchos de ellos comparten perspectivas del panorama nacional e internacional, retroalimentando los debates y complejizando las posturas respecto al accionar del gobierno.
Las izquierdas tienen una independencia categórica entre sí, siendo en realidad imposible articular entre sí en la mayoría de los sucesos, por discrepancias teóricas e ideológicas sobre participación e intervención en la realidad. Quisiera rescatar un concepto central que las izquierdas manejan como argumento para mostrar su repudio al gobierno nacional: el bonapartismo.
Marx, en el dieciocho brumario, explica esta ambivalencia del gobierno de la siguiente manera: “Bonaparte, como poder ejecutivo convertido en fuerza independiente, se cree llamado a garantizar el "orden burgués". Pero la fuerza de este orden burgués está en la clase media. Se cree, por tanto, representante de la clase media y promulga decretos en este sentido. Pero si algo es, es gracias a haber roto y romper de nuevo y diariamente la fuerza política de esta clase media... (…) Esta misión contradictoria del hombre explica las contradicciones de su Gobierno, el confuso tantear aquí y allá, que procura tan pronto atraerse como humillar, unas veces a esta y otras veces a aquella clase, poniéndolas a todas por igual en contra suya (…)”
La acusación de los grupos marxistas es sencilla y contundente: “se cree llamado a garantizar el orden burgués”. Simplifican categóricamente al gobierno basados en argumentos que van sencillamente “en contra” de los intereses de la clase obrera a quienes dicen representar, teóricamente. La crítica más dura la realizan los partidos Trotskistas, que representan en Argentina la ortodoxia marxista más marcada. Sin embargo, quisiera disminuir la simpleza del análisis que hacen estos partidos diciendo que, en realidad, ser de izquierda es otra cosa. Para graficar mi propuesta, transcribo un análisis de León Trotsky, respecto a la nacionalización de recursos que hizo en la revolución mexicana el general Cárdenas:
“...El régimen interno de los países coloniales y semicoloniales tiene un carácter predominantemente burgués. Pero la presión del imperialismo extranjero altera y distorsiona tanto la estructura económica y política de esos países que la burguesía nacional (aun en los países políticamente independientes de Sudamérica) no alcanza más que parcialmente el nivel de clase dominante. La presión del imperialismo en los países atrasados no cambia, es verdad, su carácter social básico, ya que opresor y oprimido no representan más que diferentes grados de desarrollo de una misma sociedad burguesa. Sin embargo, la diferencia entre Inglaterra y la India, Japón y China, los Estados Unidos y Méjico es tan grande que tenemos que diferenciar estrictamente entre países burgueses opresores y oprimidos, y consideramos que es nuestro deber apoyar a los segundos contra los primeros. La burguesía de los países coloniales y semicoloniales es una clase semioprimida, semidominante...” (pp 43-44). (Trotski, León. Sobre la liberación nacional. Ed. Pluma. Bogotá. 1980)   
Para poder comprender lo que es “la izquierda progresista en Argentina”, necesitamos indagar la profundidad del proceso de colonización que opera en Nuestra América, insertando nuestras economías y nuestros gobiernos bajo las garras del imperialismo, comprendiendo que nuestro rol es el de “pueblo oprimido”, cultura acorralada, sociedad aturdida por la urgencia de la supervivencia; Marx diría una humanidad embrutecida y cretinizada como consecuencia de la explotación feroz que se opera sobre nuestros pueblos.

Nacional y popular.
            Bajo este título se nuclean muchas de las agrupaciones progresistas que, impulsadas por esta efervescencia de la participación y de la opinión, se suman a la corriente de una juventud eufórica y recientemente politizada. Es necesario, desde la perspectiva emancipadora de este ensayo, criticar y denunciar el sesgo de esta corriente por definición, indefinible.
La gran trampa de las corrientes que pululan entre reivindicaciones de minorías, apoyo consciente al gobierno y setentismos furiosos, es que nunca precisan discutir qué es lo Nacional y qué es lo popular. Se supone con una liviandad alarmante que en el territorio argentino existe una cualidad, una característica empírica, que puede denominarse como “nacionalidad” (no es mi intención explayarme en la obvia invención romántica de “la generación del ochenta”). Se atribuye con naturalidad a lo “corriente”, a lo “universal”, el calificativo de “popular” con una ingenuidad vergonzosa. Indiscriminadamente, activismos entusiastas se alinean bajo una “frazada que para cubrir la cabeza destapa los pies”. Dentro de este escenario es que aparece un “izquierda nacional”, una agrupación progresista por heterodoxa, pero marxista desde su cosmovisión de clase; una agrupación de intelectuales que se multiplican con la juventud, pero que no puede participar sin sacrificar su independencia, su “purismo” metodológico, su inmaculada militancia de biblioteca: su bastión de la coherencia por inmovilidad.  Más allá de los esfuerzos por recuperar una tradición de “teoría política nacional” y por fuera de toda ilusión de “resurrección” de modelos de gobierno de pos guerra, es inminente la ebullición de conflictos actuales que no han sucedido antes, y que eran imposibles de prever aún por los más lúcidos estadistas y habilidosos gobernantes. La velocidad de la información, la diversidad de las opiniones y la multiplicación de tecnologías vuelven ilusoria toda pretensión de reconstrucción de un movimiento “popular y nacional” que existió hace más de un lustro; hoy necesita ser visto con ojos curiosos, con miradas jóvenes, con pupilas que destellen esperanzas y que contagien sueños. De nada sirven las viejas desilusiones a los corazones que precisan esperanzas, de nada sirven discusiones académicas sobre el fracaso del socialismo, de nada sirven las palabras “experimentadas” de aquellos que no supieron pensar con su corazón cuando la mente les decía que no.  

Nueva Izquierda.
            Es en esta coyuntura que la juventud critica y debate. No para destruir ni para imponer: sino para averiguar, para concertar. La confusión que siembran la globalización y la tecnología sólo acentúa la necesidad de encontrarnos en el otro. De ese modo, una nueva izquierda se va gestando en el reconocimiento de que solos no es posible avanzar. Con la mira puesta en una emancipación continental, en una integración regional, en la complementariedad de nuestras particularidades, luchando contra el imperialismo y el colonialismo nuevas teorías nutren las discusiones. Desde esa perspectiva es que nos preguntamos:
¿Qué clase de intelectual orgánico precisa un movimiento de masas? ¿Cómo definir actores, identidades y objetivos sin excluir a nadie? ¿Puede un agente que no participa con el pueblo de las luchas del pueblo hablar por él? ¿Cómo construir una “dirigencia vanguardista” cuando la horizontalidad y el diálogo son la moneda corriente? ¿Cómo generar el “hombre nuevo” sin torcer el brazo de las masas? ¿Puede lo popular cambiar sin dejar de ser popular? ¿Cómo adaptar la tradición marxista a un contexto de oprimidos y desclasados?  
El ámbito estudiantil, los intelectuales y los técnicos, deben unir fuerzas para escribir con nuestras palabras cuáles herramientas posee la tecnología para encarar nuestras necesidades humanas. Tanto en la producción, la vivienda, el transporte y el consumo debe aparecer la perspectiva de nuestros pueblos, desde una perspectiva colectiva y comunitaria que someta al estado y a sus representantes a la voluntad de las organizaciones territoriales.
El primer paso es simple, es la espada de la urgencia o la pared del olvido lo que nos juzgará. La izquierda progresista no debe escatimar esfuerzos en la construcción de una identidad socialista de los pueblos, virando en cada momento hacia la toma de consciencia por parte de los pueblos de su propia capacidad creativa, renegando de todo modelo importado y de toda importación histórica, nativa o foránea. Inaugurando así una época de innovación social a través de la autogestión educativa, cultural e informativa.

03 febrero 2011

Ley 26571 de Reforma Política.

El partido Justicialista, representado en su mayoría por lo que conocemos como "Kirchnerismo", ha impulsado una ley que obliga a los partidos políticos que obtuvieron pocos votos en los últimos años, a poseer una cantidad mínima de afiliados para poder existir. Esta cantidad mínima es un porcentaje del total de población en edad de votar (electorado).

Es una Ley, además de antidemocrática, bastante estúpida en su espíritu, porque el argumento de "cantidad de afiliados" está directamente relacionado con dos cosas turbias y llenas de corrupción:
1) "Para darte algún beneficio, te obligo a que te afilies a mí partido. Y como soy el intendente, te puedo dar muchas cosas que vos necesitas." Imaginen si la propuesta viene del gobernador, o de un diputado, o de un Senador... Ni hablar de si lo hace un Presidente. Quiero decir, que los partidos que han gobernado en estos últimos 30 años de democracia son 2: UCR y PJ.
2)Qué casualidad y qué pena, que el mismo General Perón haya sido en 1973 el que empezó a movilizar a los peronistas de derecha para "limpiar" a los peronistas de izquierda... que lástima que la mayoría de los 30.000 desaparecidos hayan sido afiliados a los ahora "pequeños partidos", y que la causa de su exterminación haya sido precisamente que eran partidarios de esas ideologías..

Para terminar con esta seria acusación, los invito a leer un fragmento del único discurso de Antonio Gramsci, donde critica a los fascistas, pues no pueden promulgar una ley para hacer desaparecer las organizaciones "masonas"(masonería), porque eso las habilita a atacar a cualquier organizacion...


"Esta es la cuestión más importante de la discusión de la presente ley: vosotros podéis 'conquistar el estado', podéis modificar los códigos, podéis intentar impedir que las organizaciones existan en la forma en que han existido hasta hoy; pero no podéis prevalecer por encima de las condiciones objetivas en las que no tenéis más remedio que moveros. No haréis más que obligar al proletariado a buscar una orientación distinta de la que hasta ahora era la más común en el terreno de la organización de masas."

A. Gramsci 1925! 
(¿quién dice que la historia no es una ventana al futuro?)

01 febrero 2011

Ensayo: Parte 4/6


LAS HERRAMIENTAS DEL TEÓRICO Y EL TEÓRICO COMO HERRAMIENTA.

            “La superación de la propiedad privada es por ello, la emancipación plena de todos los sentidos y cualidades humanos; pero es esta emancipación precisamente porque todos estos sentidos y cualidades se han hecho humanos, tanto en sentido objetivo como subjetivo.”
K. Marx (Manuscritos económicos y filosóficos 1844)

             La dificultad radica en la necesidad de construir herramientas que le den acceso al cientista social a la realidad sin que se convierta él mismo en una herramienta ideológica de otras teorías exóticas. Arturo Jauretche ha ejemplificado con precisión la situación: “Nuestro intelectual se va metiendo, sin darse cuenta, en el barco de los intereses de ‘la cultura’ y cuando se acuerda, está enterrado hasta la berija y ya no puede salir. Por eso, más que un tránsfuga o un desertor, es un esclavo que lame la cadena”.
La complejidad del enunciado da la apariencia de ser más ofensiva que precisa, pero para acceder al significado de modo más claro, recurriré a la teoría crítica. En “Cultura y sociedad” (BsAs, Sur) Herbert Marcuse nos dice “Después que la teoría crítica reconoció que las relaciones económicas eran las responsables del mundo existente y comprendió la interconexión social de la realidad (…) pudieron enfrentarse también aquellos problemas que se referían a las posibilidades del hombre y de la razón.”
Marx deja muy en claro que los sentidos y los goces se han convertido en sociales: a través de los órganos inmediatos se constituyen así órganos sociales, que transforman la actividad social con otros en manifestación vital y en modo de apropiación de la vida humana. Respecto a esto, decimos que los sentidos y cualidades humanos tanto objetivos como subjetivos, necesitan ser emancipados. Lo que posibilita ver objetiva y subjetivamente la realidad con una mirada no-emancipada, que de hecho, es la que ha conducido a los teóricos latinoamericanos y a sus academias en educadores de educadores para el sometimiento, para el silencio o para la admiración: todo esto en detrimento de una verdadera creatividad que permita resolver los problemas, pero sin citar algún teórico reconocido.
Como ya hemos dicho, la naturaleza como ecosistema y biodiversidad, tiene una relevancia central en el desarrollo social, cultural y económico en América latina. En nuestro territorio abundaron los teóricos que denigraban la vida rural, las culturas nativas y su poco industrialismo. Por ello creyeron oportuno eliminar a los naturales por ser ajenos, extraños a las costumbres que ellos querían cultivar. En la mayoría de los casos, la hegemonía se adquiere a través del genocidio. Esta lucha ideológica se sostenía con precarias interpretaciones de los conceptos de “civilización y barbarie” o de “naturaleza/progreso” entre otras, que son actualizaciones de estilos de vida urbanos, técnicos y racionales, contra la vida campestre, tradicional y folklórica. Lo que la teoría Crítica nos permite discutir es la racionalidad de tales conceptos, Marcuse dice: “hasta las categorías filosóficas supremas están ligadas a situaciones sociales aunque no sea con aquella situación general en virtud de la cuál la lucha entre el hombre y la naturaleza no ha sido nunca una lucha realizada por la humanidad como sujeto libre, sino que aquella se ha librado siempre dentro de una sociedad de clases”. Marcuse va aún más profundo, y nos asegura que “la teoría exige que con la modificación de las relaciones económicas se modifique la totalidad de la existencia humana.” Marcuse, y con él todos quienes advirtamos que no discutir la centralidad de los clásicos es acentuar nuestra posición de colonia económica, establece que la sociedad precisa volverse racional: subordinar la economía a las necesidades de los individuos; “son las necesidades generales las que deciden el proceso del trabajo. Lo importante (…) es si este interés responde o no a la libertad y felicidad de las masas”.
Como podemos ver, la teoría determina la forma en que las sociedades son vistas por los intelectuales. De eso modo, es prioridad hallar nuestra propia mirada de la realidad.

31 enero 2011

Ensayo: Parte 3/6


TIERRA FÉRTIL POR NATURALEZA.

            “La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; la naturaleza, en cuanto ella misma, no es cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir. Que la vida física y espiritual del hombre esta ligada con la naturaleza no tiene otro sentido que el de que la naturaleza está ligada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza.”
K. Marx (Manuscritos económicos y filosóficos 1844)

            El punto de partida elegido, esto es, la preexistencia de culturas en América latina a la razón instrumental, tiene como eje la naturaleza humana. Aunque Marx intente racionalmente justificar la universalidad del hombre como ser genérico, le es imposible desprenderse de su razón instrumental.  Puesto que en nuestra América, el hombre, estaba más cerca de la naturaleza, las condiciones de abundancia en que vivía permiten observar que no precisaba demasiada tecnología para su supervivencia. Marx dice: “El objeto del trabajo es por eso la objetivación de la vida genérica del hombre, pues éste se desdobla no sólo intelectualmente, como en la conciencia, sino activa y realmente, y se contempla a si mismo en un mundo creado Por él.” Con esto, es mi intención renovar la declaración de objetivación a través del trabajo,  complejizando las circunstancias como corresponde y acercando al hombre que habita el continente a ese hombre genérico, reconociendo en él todas las capacidades sociales: “La esencia humana de la naturaleza no existe más que para el hombre social, pues sólo así existe para él como vínculo con el hombre, como existencia suya para el otro y existencia del otro para él, como elemento vital de la realidad humana; sólo así existe como fundamento de su propia existencia humana.” Se trata de buscar “en qué medida él, en su más individual existencia, es, al mismo tiempo, ser colectivo.”
Llevando nuestra particularidad a lo universal, para así enriquecer y diversificar la existencia genérica humana: cuando el hombre latinoamericano se busca a sí mismo en el mundo, no se encuentra. La única forma es adoptar una existencia que no le es propia e insertarse en un mundo que no fue creado por él.  El hombre latinoamericano se reconoce solo intelectualmente, más no activa y realmente. Las poblaciones y culturas latinoamericanas tienen esa capacidad de adaptación, de sembrar sociedades ajenas y hacerlas florecer, adoptando las formas y usanzas exóticas como propias. Las culturas nativas quedaron en medio del fuego cruzado que Marx describe como “la guerra entre los codiciosos, la competencia”. Guerra para la que no estaban educados; no conocían el trabajo asociado al mejoramiento de las condiciones de vida individuales y por lo tanto no concebían la tierra en los términos de la propiedad privada.
Sin embargo la desigualdad entre ricos y pobres no conoce fronteras: “Ciertamente el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero para el trabajador chozas. Produce belleza, pero deformidades para el trabajador. (…) Produce espíritu, pero origina estupidez y cretinismo para el trabajador.” Ya sea esclavizado al capital o a algún dios, el hombre que no obtiene libertad de su trabajo está en una condición infra-humana. Respecto a esto, la condición de “proletario” se puede asignar, en su caracterización literal de “gestación de hijos”, a todas las poblaciones latinoamericanas que no pudieron beneficiarse con la hegemonía europea. Darcy Ribeiro (Indianidades y Venutopias, ed. del sol, 1992) adopta esta idea de “proletario” como “desculturizado”, no es alguien carente de cultura, sino alguien que ha perdido su cultura original. Es en este sentido que sostengo que la perspectiva que Marx imprime al materialismo histórico, respecto a la coincidencia entre circunstancias y actividad humana, es mucho más vigente de lo que se pretende. La tarea del intelectual latinoamericano es volver objetiva esa actividad humana, contrastar todas las circunstancias que han traído a la cultura latinoamericana hasta donde nos encontramos hoy y actuar entendiendo su participación en la construcción de teorías como práctica revolucionaria.
El único problema que enfrenta, respecto a esto, el intelectual o el pensador latinoamericano es la cuestión sobre la racionalidad de su pensamiento. Para lo cuál hemos de revisar algunos conceptos de la teoría crítica.